
En recientes días amigos Cristianos nuestros han sido quebrantados en sus corazones a debido a la enfermedad prolongada, la tragedia y el fallecimiento de seres queridos dentro de su propio seno familiar. Decimos que los incrédulos necesitan a Dios cuando sufren algunas veces como resultado de su desobediencia. sin embargo, el sufrimiento entre los discípulos de Jesús nos indica también que los Cristianos necesitamos a Dios. En tales casos la postura bíblica es clara: “Porque es mejor que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal” (1 Ped.3:12).
En ninguna parte de la revelación se dice que los Cristianos estamos exentos del sufrimiento, la enfermedad y aun la muerte (Rom.8:35; 2 Tim.2:13; 2 Ped.4:16-18). El apóstol Pablo declaró que una vez “perdimos la esperanza de conservar la vida. Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita de los muertos” (2 Cor.1:8-9).
Algunas veces el sufrimiento puede ser tan intenso y lacerante para algunos Cristianos que al igual como los amigos de Job, podemos no encontrar palabras para consolar a nuestros hermanos que sufren: “Así que se sentaron con él en tierra por siete días y siete noches, y ninguno le hablaba palabra, porque veían que su dolor era muy grande” (Job 2:13). El hermano David Shadburne nos relata como observaba a su hijo de 22 años perdiendo la lucha contra un masivo cáncer. Sin embargo, las lecciones que aprendió en la fortaleza moral y mental con las que su hijo enfrentaba cada día su enfermedad le dejaron las lecciones que él más tarde compartió. él admitió como lo podríamos hacerlo cualquiera de nosotros cuando el cáncer consumía la vida de su hijo que nadie estamos preparados para el sufrimiento. El apóstol agobiado por una infinidad de adversidades que amenazaban constantemente su vida afirmó que este cuerpo (tabernáculo terrenal, 2 Cor.5:1-4) está destinado a desintegrarse tarde o temprano. Pero el espíritu o alma se de una naturaleza imperecedera que sobrevive a la descomposición del cuerpo mas allá de la muerte.
Les invito a leer esta historia de tristeza y de heroísmo del mas grande nivel entre un padre y un hijo desgarradoramente ven el destino a separarse en esta vida pero también jubilosamente percibieron el día cuando serán reunidos para siempre delante de la presencia del Señor (Fil.1:21-23). No podrán evitar las lágrimas de sus mejillas al leer y meditar como cuando vertí al Español esta narración hace pocos días.
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