(Publicado en el primer blog el 8 de Agosto de 2014 – El Publicador).

En muy pocos años como predicador comencé a ver una tendencia que hasta el día hoy se deja ver en muchos otros lugares. Me refirió a aquel concepto  de intentar ver al predicador como un “Pastor” denominacional que realiza una gran diversidad de obras casi como un “malabarista” del circo pero desatiende la principal para la que fue llamado y constituido un “heraldo”. Después de 10 años que escribí esta pieza de literatura (Febrero de 2004) sobre el “El Papel de un Predicador” no tengo nada de que retractarme en lo que escribí y mis conceptos permanecen igual. Estoy subiendo este artículo con la confianza que llegue a más hermanos, consideren cuidadosamente las descripciones Bíblicas para el predicador y dejen de reclamar de su tiempo asignaciones puramente humanas traídas del Sectarismo por algunos miembros que ahora en la Iglesia parecen empeñados en duplicar sobre los hombros del predicador.

He dado la citas de otros autores que contienden contra la idea del predicador como “Un pastor” denominacional. En años recientes he leído ésta otra obra relevante que igualmente hace énfasis en el problema. El hno. Thomas Holland escribió acertadamente: “Otro concepto equivocado en relación al evangelista es aquel que él es un pastor de la Iglesia. En cuyo caso él no sería el pastor porque el Nuevo Testamento reconoce una pluralidad de obispos en cada congregación (Fil.1:1)… Los hermanos deben ser educados a apreciar que la tarea del predicador es predicar, no ser el obrero social y profesional para la Iglesia…. Hasta que los hermanos, y los predicadores, entiendan la obra de un evangelista, habrá demandas no realistas hechas a los predicadores y críticas injustas a su obra… El predicador necesita reconocer que él es primero y sobretodo un siervo del Señor!. El predicador debe servir al Señor “con toda humildad y muchas lágrimas” (Hech.20:19). Un predicador engreído, arrogante, vano, es un muy pobre ejemplo de Aquel que fue “manso y humilde de corazón” Los motivos terrenales por la atención de la gente, la notoriedad, y la alabanza, son una verdadera desgracia para los predicadores y la predicación” (The Work of The Preacher is Working, 74, 76, 78-79; Penmann Press, Brentwood, TN. Segunda Impresión 2006).

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