El Cielo, El Consuelo para el Corazón Atribulado

La Doctrina Biblica del Cielo es para muchos la enseñanza favorita y más disfrutable escuchar o leer naturalmente porque nos alienta a pensar en nuestra recompensa final cuando esta vida se termine.

Aunque algunas personas religiosas se niegan a creer que el Cielo, la misma morada  de Dios sea prometido en las Escrituras para los fieles piadosos a la segunda venida de Cristo, los Cristianos tenemos las promesas inmutables de Dios para confiar en “la esperanza puesta delante de nosotros. La cual tenemos como segura y firme ancla del alma” (Heb.6:18-19).

Todos los evangelios hacen aluciones al Cielo o moradas celestiales para los discípulos victoriosos (cf. Mat.5:12; 6:20-21; 25:34, 46; Luc.10:20; Jn.14:1-3). Pablo habló que tenemos una “ciudadanía celestial” (Fil.3:10). Pedro enfáticamente localiza el lugar de nuestra herencia incorruptible “reservada en los cielos para vosotros” (1 Ped.1:4). Y Juan recibió imágenes de la naturaleza de esa morada donde los siervos de Dios “morarán con Él y Él con ellos” (Apoc.20:3).

Necesitamos recordarnos esta promesa siempre, sobre todo el tiempo de pruebas, aflicciones y perdidas de nuestros compañeros (as) de fe. Muchos hemos atestiguado el deceso de hermanos o familiares nuestros quienes en medio de mucha enfermedad y dolor, consideramos que la partida de ellos de este mundo es la mejor forma de librarlos de sus sufrimientos. Un hermano una vez me expresó que reunidos en las últimas horas de vida de su madre, en el hospital, le pidieron a Dios “llevársela” con la misma intensidad que semanas atrás le pedían que la “recuperara”. De alguna forma resignados que no se recuperaría  entendieron como el apóstol una vez lo escribió, “teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor” (Fil.1:23).

No es para nadie una experiencia fácil ver a un Cristiano (a) terminar su vida terrenal, pero nos quedamos con la confianza que le volveremos a ver en aquel día de la resurrección de los justos.

El autor Erwin Lutzer en su libro: Tu Primer Minuto Después de Morir escribió: “Los accidentes, la salud quebrantada, o incluso la muerte a manos del enemigo, Dios utiliza todos estos medios para llevar a sus hijos a casa”. Añade: “La muerte no le puede arrebatar nada al Cristiano. La salud, la riqueza y el gozo, todas estas cosas vienen en abundancia cuando el espíritu vuelve a Dios”. Y finalmente observa: ” Nunca tenemos que decir de un creyente: “Partió”. Mas bien, podemos decir: “Llegó”. El Cielo es el destino final del Cristiano” (97, 105, 98).

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