Nunca el hogar como el matrimonio ha sido fruto de la casualidad y del trabajo no planeado. Por el contrario, ambas instituciones fundadas por Dios desde el principio son el resultado de dos voluntades humanas que se comprometen a la felicidad y al cuidado recíprocamente (mientras no llegan los hijos) y colectivamente (cuando el matrimonio ha sido bendecido con hijos). La Biblia tiene mucho que decir a los padres acerca de cómo criar a sus hijos de manera que estos sean una recompensa a los padres en su edad adulta y una descendencia piadosa para el Creador.

Ser padre o madre significa llevar una gran responsabilidad frente a los hijos mismos, a la sociedad a la que pertenecen y mayormente responsables ante Dios. El Salmista expresó, “He aquí, herencia [ “don” –LBLA] de Jehová son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre, Como saetas [“flechas”] en manos del valiente, así son los hijos habidos en la juventud. Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos” (Salmos 127:3.5).

Los hijos significan también un gran compromiso porque la vida que ellos lleven en el futuro es grandemente debido a los fundamentos que los padres lograron colocar tempranamente en su vidas. La forma de crianza y disciplina cambia según su edad, pero nunca debiera cambiar el objetivo y la meta de los padres piadosos que desean que sus hijos se conviertan en siervos (as) temerosos de Dios.

El hno. H. E. Phillips escribió este práctico y bien delineado artículo con observaciones válidas y necesitadas en un estudio sobre la paternidad. Para descargar el material favor de hacer clic en el enlace de abajo:

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