(Nota: Publicado originalmente el 14 de Junio de 2017 en el anterior blog–ARP).

Iniciamos un volumen provechoso más a la cuenta entre los libros de buenos y talentosos autores Cristianos que tuvimos, que se han adelantado en el camino de todos, pero que nos han dejado sus escritos fruto de sus diligentes investigaciones en los diferentes temas de la Biblia. James D. Bales fue un estudiante vigoroso de las Escrituras y un militante contra las enseñanzas de los ateos, comunistas y personas de la amplia esfera denominacional.

El primer escrito que vertí de Bales al Castellano fue un fragmento de uno de sus libros apologéticos bajo en título: “Porque Creo en Dios” en 1998. Pueden localizar ese trabajo en alguna otra parte de este mismo blog. Ahora tengo el honor de compartir este buen libro que él escribió en el año de 1964. El tamaño original de 5 x 11 de 100 páginas se volverá menor en el tamaño que usamos para imprimir entre nosotros 8 x 11 que reducirá el numero de páginas al final. Contiene 8 Capítulos con una especie de resumen al final. De lo único que puedo reclamar es haber agregado el diseño de la portada con una fotografía del típico Acueducto que sobrevive  a la ciudad antigua de Cesárea sobre las costas del Mar Mediterráneo.

Herodes el Grande queriendo congraciarse con Augusto Cesar quien le había asignado el territorio de Judea, la reconstruyó levantando un espectacular Puerto semicírculo que daba la bienvenida a los navegantes. Se cree que era el puerto mas grande de toda la Costa Este del Mediterráneo. Un anfiteatro Romano para la diversión de los habitantes, una Hipódromo para la competencia de carrera de caballos, una estatua colosal donde se rendía culto a Cesar Augusto, un Palacio adjunto al Mar y el Acueducto que transportaba agua hacia un extremo deseado. Se asume que la erosión continua del golpeo del agua en ese lugar junto alguna avalancha de olas gigantescas ocurridas en un pasado desconocido terminaron con el esplendoroso puerto que una vez existió. Cesárea del Mar o Cesárea Marítima como se le conocía pasó a ser cede de los procónsules Romanos a partir del año 6 D. C. Ahí estuvo radicado el Centurión Romano Cornelio (Hechos 10:1-5, 25-28), Desde ahí Pablo zarpó en sus distintos viajes por Mar para difundir el evangelio, y desde ahí fue enviado para ser juzgado en Roma (Hechos 23:23-24).

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