
Una de las cosas que aprendí en mis primeros años en la Iglesia allá en 1989 fue que la Iglesia del Señor era un“reino perpetuo” es decir “un reino que no será jamás destruido” (Dan.2:44). A diferencia de los reinos humanos de Persia, Babilonia, Egipto o Roma, la Iglesia o cuerpo de los salvos en el mundo “nunca” se colapsaría o dejaría de existir como si ocurrió con los imperios o reinos antes mencionados. Impartí un estudio de 6 meses (siendo completamente un joven de 19 años) sobre este tema recopilando el material de varias fuentes: Recuerdo que ese material lo había dividido en 7 partes básicas: (1) La Iglesia en la Mente Divina (Efe.3:5-7; cf. Gen:12:1-4),(2) La Iglesia en la Profecía (Isa.2:1-4; Jer.31:31-34, etc.), (3) La Iglesia en su Preparación(Mat.3:1-12; Jn.1:29-34), (4) La Iglesia en su Establecimiento (Hech.2-3), (5) La Iglesia en su Expansión (Hech.8:4-5, 26, 40; 9:31, 11:19, etc.,), (6) La Iglesia en su Madurez (epístolas de Pablo y Pedro), (7) La Iglesia en su Glorioso Destino (1 Cor.15:24; Efe.5:25-27, 32, Apoc.19:6-9).
Al igual que muchos, escuchaba y leía de los movimientos de Restauración en los Estados Unidos encabezados por Tomás y Alejandro Campbell, Barton Stone, y otros personajes quienes habían decidido abandonar todo nombre, credos y rasgos denominacionales para ser llamados como el Nuevo Testamento llama y ser la Iglesia idéntica a como ésta era descrita y organizada en el documento inspirado. Mi dilema entonces era como armonizar lo que había leído años atrás en las Sagradas Escrituras y los hechos que estos varones habían emprendido a principios de 1800´s en varios estados de Norteamérica. Sin embargo, seguí creyendo que la Iglesia tal como Jesús la prometió era un reino indestructible “…edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mat.16:18). Comprendí que aunque la cizaña había “apocado” al trigo, el trigo nunca había dejado de existir en algunas partes remotas del mundo (Mat.13:24-30). Comprendí que aunque la Iglesia había sido lanzada al desierto a causa de sus feroces persecutores, (periodo comprendido a partir de los siglos III D. C. hasta la edad media) esta nunca había dejado de alabar a Dios en algunos lugares de nuestro ancho mundo (Apoc.12:1-8).
Para descargar la edición, clic en el enlace:
Leave a comment