hombre con la Biblia en mano

Escribí este ensayo hace 10 años sobre algunas consideraciones que vi pertinentes tocar en el presente estudio y más tarde lo publiqué en nuestra revista electrónica El Expositor (Abril-Mayo 2008). Partiendo de los razgos distintivos que caracterizaron a la Iglesia primitiva en la era apostólica, apelamos al mismo modelo que es presentado en el Nuevo Testamento para asuntos de enseñanza, adoración y comisión. Por mas de dos siglos nuestro lema ha sido: «Hablar donde la Biblia habla, y callar donde ella calla» . Esto lo extraemos también de la exhortación del apóstol Pedro quien escribió: «Si alguno habla. hable conforme a las palabras de Dios» (1 Ped.4:11). Tenemos un alto honor al silencio de las Escrituras y por lo tanto, no vamos más allá «de lo que está escrito» (1 Cor.4:6).

Sin embargo, cuando no respetamos «los linderos antiguos» (Prov.22:28) una serie de calamidades ocurren al no adherirnos el patrón de las sanas palabras (2 Tim.1:13) y nos perdemos en el mar de la confusión religiosa que ha impregnado por largos siglos al mundo denominacional. El estudio de abajo se elaboró pensando en la firmeza que cada Cristiano debe tomar en en relación a no abandonar «las sendas antiguas»  (Jer.6:16) del antiguo evangelio que se predicó en Jerusalen a partir del primer Pentecostes después de la resurrección de Jesuscristo (Hech.2:14-42).

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